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Art of Living Silver Jubilee in New Year

Ignacio108

June 26, 2006 11:45  5.0 5 4 3 2 1

 
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Celebración mundial por la paz

Bangalore, ciudad del sur de la India, el Silicon Valley del país, cuna de la ingeniería de sistemas, fue el escenario de un momento histórico: unos 2 millones y medio de personas de todo el mundo se dieron cita para festejar las Olimpíadas por la paz y los valores humanos con motivo de los 25 años de la Fundación el Arte de Vivir; música, meditación y mensajes de paz y esperanza; diálogos interdisciplinarios sobre la posibilidad de un mundo mejor; Sri Sri Ravi Shankar, el fundador del Arte de Vivir es uno de los fuertes candidatos al Premio Nobel de la Paz de este año

W. B. Yeats, máximo exponente del renacimiento irlandés, introdujo en Occidente el Gitanjali del gran poeta indio Rabindranath Tagore. Ambos obtuvieron el Premio Nobel de Literatura: Yeats en 1923; Tagore justo diez años antes.
Sobre la profundidad, la agudeza y la ternura de los poemas líricos de Tagore, Yeats apuntó: “He llevado conmigo el manuscrito de traducciones durante muchos días, leyéndolo en los trenes, autobuses y restaurantes, y a menudo he tenido que cerrarlo para evitar que un extraño se diese cuenta de cómo me había conmovido”.
La Celebración Mundial por la Paz que organizó la Fundación el Arte de Vivir (AOL, por sus siglas en inglés), en Bangalore, India, con motivo de su 25 aniversario, ejerció en mi ser una descarga tan penetrante, alentadora e intensa que necesité recurrir a la elocuencia de Yeats, otro amante de la cultura hindú, para comenzar a balbucear lo que llevo días tratando de relatar.
Las dos millones y medio de almas empapadas de devoción y alegría allí reunidas han mantenido desde entonces mis recuerdos húmedos, y he tenido que cerrarlos, como si fuesen un libro, también en trenes, autobuses y restaurantes, para evitar que un extraño se diese cuenta de cómo me ha conmovido aquella experiencia única.
Todo va regresando a la memoria en parches, en flashes, como si se tratase de un sueño.
De pronto, las setenta y tantas hectáreas del aeródromo de Jakkur, destinadas enteramente a la celebración, se apagan polvorientas bajo el atardecer de un domingo enrojecido.
Los tres días del Jubileo de Plata están llegando a su fin.
En el mega escenario de tres pisos y 12.140 metros cuadrados reposan, ahora silentes, los instrumentos de los 3.800 músicos de la South India Music Synphony. Los hay de viento: nadaswarams y saxos; de percusión: tablas, mridangams y thavils; de cuerdas: violines y veenas, una suerte de laúd de 24 trastes y cuello largo.
Ya han pasado por esas gradas una ceremonia védica, las melodías más curiosas, los ritmos más vibrantes y el mensaje fraterno de gobernantes, empresarios, celebridades y líderes espirituales de todos los confines, credos y religiones.
Hay una sinfonía de colores y personalidades jamás presenciada por estos ojos: filas de swamis, o maestros, con sus túnicas naranjas; sacerdotes, imanes, el Rabino Abraham Cooper, sijs, el Dhamma Master Tsin Tao, jainistas, Baba Ramdevji Maharaj, cristianos ortodoxos, el rey de un país africano en sus túnicas tribales...
Cada pestañeo es una foto que se pierde.
En el centro de todo, de blanco inmaculado, sobresale la figura del líder humanitario y espiritual Sri Sri Ravi Shankar, o Guruji, como se lo llama afectuosamente, fundador del Arte de Vivir (AOL) y de la Asociación Internacional para los Valores Humanos (IAHV). Los invitados de honor se acercan a saludarlo. El arzobispo de Nueva Delhi; una delegación de Omán y otra de Mongolia; los presidentes de India, Sri Lanka, Eslovenia, Mauritania y Croacia; Bernie Ecclestone, el patrón de la Fórmula Uno; los ex primeros ministros de Francia y Holanda (Edith Cresson y Ruud Lubbers; Bill Clinton canceló su visita a último momento); decenas de gobernadores indios; el doctor Michael Nobel, de la Nobel Family Society; el músico y actor alemán Peter Maffay; Noah Samarra, CEO de World Space; Richard Quest, el histriónico periodista británico de la CNN...
Y en medio de aquel enjambre reunido para celebrar la vida en un remoto aeropuerto viejo, uno se pregunta cuál es el atractivo de este hombrecito de carácter juguetón, barba negra y sonrisa incondicional que anda por ahí preguntándole a la gente si está feliz. ¿Es su perspicaz sentido del humor y su ingenio? ¿O son las técnicas de respiración y la sabiduría práctica de la que habla con total simpleza? ¿De dónde proviene su magnetismo? Cómo saberlo.
Lo cierto es que a lo largo de estos tres días Guruji no ha recibido más que sonrisas, abrazos, elogios, flores y varias condecoraciones.
La fundación noruega Mahatma Gandhi, por mencionar alguna, lo laureó con su Premio a la Paz No Violenta, y el gobierno de Rusia con la Gran Medalla de Pedro el Grande por la “meritoria labor de AOL en los chicos, las fuerzas armadas y los prisioneros rusos”.
Un miembro del parlamento moscovita exclamó desde el estrado: “Guruji, has pasado los últimos 25 años viajado incansablemente por el mundo llevando tu mensaje de amor; hoy el mundo ha venido hacia ti”.
Actualmente, AOL es la Organización No Gubernamental (ONG) de más rápido crecimiento del mundo; con sede en más de 145 países, cuenta con más de 20 millones de miembros y la red de voluntariado más numerosa del mundo.
Sri Sri Ravi Shankar, graduado en física y ciencias védicas, visita cada año más de 40 países.
Minutos atrás, en su breve pero emotivo discurso, la ex primera ministra de Francia Edith Cresson había expresado su interés en que Sri Sri Ravi Shankar recibiera el Premio Nobel de la Paz. La imagen de Cresson, en su saco rosa, se repetía en las 80 pantallas gigantes esparcidas por el aeródromo. En semejante inmensidad, la pista de aterrizaje se reducía a una veredita cualquiera.
El congresista estadounidense Joseph Crowley ya había propuesto la misma nominación que Cresson en 2005: “La obra de este hombre ha contribuido a llevarle paz a miles de personas de todo el mundo, incluyendo a los neoyorquinos, luego de los atentados del 11 de septiembre; Sri Sri Ravi Shankar y AOL son un ejemplo de la resolución de conflictos regionales y de las infinitas posibilidades de espíritu humano”.

* * *

“Hoy estamos siendo testigos de que un mundo mejor es posible -expresa a La Nación Sergio Bergman, rabino de la Congregación Israelita de la República Argentina-. Estar aquí es una bendición y una excelente oportunidad para que los argentinos aprendamos a convivir con nuestras diferencias y a trabajar juntos desde nuestro lugar particular”. Y agrega: “Me llevo un enorme crecimiento espiritual y la certeza de que somos una gran familia”.
A apenas una hora y media de allí en auto seguía rugiendo la insoportable agitación de Bangalore, cuna de las estrellas del críquet y de los centros líderes en tecnología informática. De tales semilleros científicos egresa la materia prima de las empresas de vanguardia. Tanto es así, que el 34, el 28 y el 17 por ciento de los empleados que trabajan en Microsoft, IBM e Intel, respectivamente, son de origen indio. Al igual que el 12 por ciento de los científicos que viven en los Estados Unidos, o que el 36 por ciento de los empleados de la NASA.
Es más (no todo en la India es pura espiritualidad o pobreza). Para 2008, la reserva de graduados universitarios indios altamente calificados -fluidos, además, en inglés- será dos veces mayor que la de China, de acuerdo con el McKinsey Global Institute.
Idrissa Nonouhou, un adolescente de Camerún, cuenta que decidió viajar con sus amigos para participar en el “Silver Jubilee” luego de haber tomado el curso de respiración de AOL. “El arte de vivir cambió mi vida en diferentes niveles, y el primero y más importante es en el plano espiritual. Ahora puedo aceptar a mucha más gente que antes no podía soportar”, dice Nonohou sonriendo. “¿Mi religión?, el Islam -responde-; esa es la religión que practico”.
Son las seis menos cuarto de la tarde y el silencio desciende finalmente sobre la multitud.
Afuera aguardan unos 10.000 ómnibus para el regreso; si fuesen estacionados en una sola hilera dibujarían una línea de 160 kilómetros de largo.
Una bandera de Bielorrusia flamea en lo alto; el rojo y verde del género azota contra la nada. Las hay de Argentina, Palestina e Israel; de Surinam, Líbano y Japón: de Portugal, Brasil y Malasia; de Armenia, Camerún y Taiwán; de Tailandia, Yemen y Kenia; de Azerbaiyán, Grecia y Sudáfrica.
Sri Sri Ravi Shankar, desde el escenario, dirige los pranayamas, los bhastrikas y el Sudarshan Kriya (técnicas y patrones rítmicos de respiración que se realizan para el control del prana o fuerza vital). En instantes llegará la meditación. La gente se sienta cómodamente. Apenas si se oye el ruido del viento. Es un día histórico para la humanidad. Nunca tanta gente se ha reunido a meditar bajo el mismo cielo.
Antes se cantará el om tres veces. Las dos millones y medio de almas vibrarán al unísono de aquel sonido primordial, origen del amén católico, del shalóm judío, del amín musulmán, del hum de los parsis, del om mane padme hum de los budistas y del om namá shivaia de los hindúes.
El resonar de las voces parece perforar las almas y unirlas como el lazo imperceptible a las cuentas del collar. Luego sólo quedará un silencio capaz de pulverizar al ego más soberbio.
Hay embriaguez colectiva. Como en Woodstock. Pero sin drogas ni alcohol.
Un viejo dicho de la India dice que en las meditaciones colectivas los deseos se hacen realidad. No sé si hay más deseos en ese instante infinito. Todo se ha vuelto hueco y vacío.
“La vida es sagrada, celebremos la vida”, invita Abdul Kalam, el presidente de India, la democracia más populosa de la Tierra. Sus palabras dan por terminada la meditación.
Kalam, de religión musulmana, enfatiza en cuán incompleto es aquello que llamamos progreso si carece de espiritualidad, y le pide a la multitud que repita con él las siguientes palabras: “Donde hay rectitud en el corazón hay belleza en el carácter; donde hay belleza en el carácter hay armonía en el hogar; donde hay armonía en el hogar hay orden en la nación; donde hay orden en la nación hay paz en el mundo”.
Es interesante observar que la India, cuya floreciente clase media asciende hoy a entre 260 y 300 millones de personas, tiene más musulmanes (unos 150 millones) que ningún otro país excepto Indonesia y que, sin embargo, allí no se conocen focos de al-Qaeda. Y resaltar, además, que en sus últimos 10.000 años de historia nunca ha invadido otro país.
“Es la primera vez que estoy en medio de una multitud tan inmensa -comenta Elena, una cincuentona italiana que se destaca por su belleza y coquetería-; claro que en Roma tenemos al Papa y grandes congregaciones en la Plaza de San Pedro, pero esto es asombroso; nunca imaginé que estaría en medio de gente tan diversa, sintiéndome una con el resto; estoy emocionalmente impresionada. Es lo más fantástico que me ha ocurrido jamás”.
Elena se pierde entre el océano de gente acompañada por su hijo de 27 años. Ambos tomaron el curso de AOL en Roma recientemente.
La celebración se cierra con la canción Vasudhaiva Kutumbakam, o “el mundo hecho una sola familia”, interpretado por representantes de todas las nacionalidades.
Y no es casual que así termine. O empiece.
Después de todo, la propuesta, en palabras textuales de Sri Sri Ravi Shankar, no ha sido otra que la de “revivir los valores humanos comunes a las distintas tradiciones y crear un mundo de aceptación, cordialidad, servicio, compasión, respeto y amor, que es, en definitiva, la esencia última de lo que verdaderamente somos”.
El poeta y pensador estadounidense Ralph W. Emerson, que al final de su vida se volcó al misticismo, rindió en su Journal el siguiente homenaje al pensamiento comprendido en los antiguos textos védicos: “Es tan sublime como una llama, como la noche, como un océano en calma. Contiene todos los tipos de sentimientos religiosos, y cuanto elevado valor ético es capaz de concebir la más noble y poética mentalidad”.
Como sucede con frecuencia, la talla de una gran obra puede no ser reconocida a primera vista por personas de mentalidad convencional. Se puede llevar el caballo al río, pero no se le puede obligar a que beba del agua.
Pero volvamos a W. B. Yeats, y a sus reflexiones sobre el Gitanjali de Tagore. “Estos poemas líricos -escribió el irlandés- despliegan en esencia un mundo con el que he soñado toda la vida”.
Y eso es exactamente lo que me ha ocurrido en Bangalore a mediados de febrero: presencié un mundo posible con el que yo también siempre he soñado.

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